jueves, 29 de marzo de 2012

Nudo

De alguna forma morbosa

Daría lo que fuera por un segundo

De esa orgía depravada,

De ver ante mis ojos

Todas esas lenguas sangrientas

Sedientas

Consumirse hasta acabarse

Hasta que no quede nada

Ni nadie

Hasta deshacerse en ambición

El nudo de cuerpos desnudos, ovillados.

De alguna manera morbosa

Espero mirando, con el miembro en la mano

El orgasmo de sangre y vacío

de todos esos Cristos tejidos a sus cruces.

miércoles, 28 de marzo de 2012

A ti: obrero ( a mi padre)

Palas, carretillas y martillos, hombres sudados y sucios haciendo frente a la tempestad que se avecina. No se sientan, no descansan, no se van a sus hogares porque la jornada aún no culmina.

Polvo y nylon por el cielo, plumavit voladora, observo sus cascos y no los menosprecio, más bien los admiro. Trapecistas del andamio, equilibristas de las vigas amenazantes, mezclas diluidas en blanco, nergro y gris que se colorean en los labios de una “taya”.

Sonrisas desdentadas ¿y que importa? Esto no es una pasarela de modelaje, esto es el trabajo duro, a pura fuerza, apuro ñeque, así se forja el mañana.

Una sonrisa amable busca una respuesta en mi cara y un hombre moreno con una pala empuñada la entierra con tal fuerza que me parece que sostiene el futuro en sus manos. Aquí no hay tiempo para pensar en le ritmo de la economía mundial, ni mucho menos en el destino de la nación. Aquí se trabaja de sol a sol…

En este lugar convergen hombres de todas partes del país, algunos del sector, otros que han venido de lugares lejanos, abandonando sus hogares, a buscar el sustento para sus pequeños que los esperan... tal como yo esperaba a mi padre cuando era niño, cuando las horas parecían eternas, contando los días en el calendario para verlo llegar, para verlo cruzar la puerta y la alegría de estar todos reunidos nuevamente fuese infinita.

Me abrazaba con fuerza y me apretaba contra él, con sus espaldas anchas y sus brazos esculpidos por la rudeza del trabajo. Sus ropas impregnadas con el olor del cemento no me desagradaban, si no que surtían el efecto de una anestesia que me hacía regresar a la cama y me acompañaban durante los cinco días que se quedaba en casa.

Al día siguiente de seguro un presente para mí: la revista que me hacía soñar con llegar a ser un gran futbolista y alguna fruta oriunda de su lugar de trabajo. Más tarde las compras para el resto del mes, el pago de las deudas y algún asado en señal de que la despedida se aproximaba y era inminente.

Nuevamente el bolso con su ropa perfumada por mi madre y su maleta de herramientas; un beso en mi mejilla y sus manos ásperas sobre mi cara que no dejaba de lavarse por las lagrimas. Abrazados con mi madre y mis hermanas lo contemplábamos hasta que se perdía en el horizonte y justo antes de virar en la última esquina, levantaba su mano en señal de esperanza, en señal de que los próximos quince días pasarían volando.

Hoy sin ser un niño, contemplo a los obreros, en cada uno de ellos veo a mi padre, al hombre que me parecía inmenso, hoy ya más sereno. Ya no parte durante quince días, hoy está en casa, con nuestras vidas intercambiadas… porque ahora cuanto los días en el calendario pero para volver… y él los cuenta para esperarme.

Ya todos se han marchado… la jornada laboral ha concluido.
(Nemël: "La palabra")

El cristo del nuevo mundo

Una cruz, un costado herido, brazos y pies atravesados por la blasfemia. Un hombre moreno, coronas de improperios sobre sus sienes, camina llevando el peso de toda la humanidad, mientras latigazos besan su espalda. Busco su rostro magullado por los golpes de garrote, avanzando entre la gente. No siento pena ni lastima por él, más bien curiosidad de saber porque tanto dolor y sufrimiento, porque desfilar por el corredor del matadero pudiéndolo evitar.

Termina el sendero del sufrimiento y llegamos a un cerro en lo más alto de la ciudad. El hombre es despojado de sus ropas, sus muñecas son laceradas por torpedos de traición, sus pies desgastados por el camino, corren la misma suerte.

Mientras un grupo de mujeres llora con el alma partida, un cartel sobre la cabeza del condenado dicta la sentencia: “No evitar lo Evitable”.

Llueve, y no huyo a ningún lugar, he quedado solo, perplejo, aún lo miro de frente y pienso, pienso en aquellos que bajo el manto de la codicia, soñaban con recorrer el mundo evangelizando a los inferiores; o en aquellos investidos de autoridad divina que dictaron la redondez de la Tierra. Pienso en aquellos que bajo el nombre de aquel que estoy contemplando, cambiaron espejos por esclavos. Pienso en esa cruz que doblego a miles de inocentes por no hablar la lengua de los santos. Pienso en el uso de la espada por que la Divina Providencia no estaba hecha para indignos.

Vuelvo un momento al génesis de esta ilusión que estoy viviendo y busco una explicación.
Trato de descifrar el misterio: “Eli Eli lama sabactani”, tal vez ese grito desgarrador comparte el dolor de los inocentes, de los sometidos, de los salvajes del Nuevo Mundo.

El hombre agonizante exclama que tiene sed y un trapo sucio es empapado y servido en la misma lanza que más tarde abriría su costado. Bebe, pero el liquido es acido y no mitiga su necesidad, entonces reflexiono en que si la sangre de los castigo y el sudor de los trabajos forzados sabría igual.

Mientras observo intento preguntarle por que. ¿Por que la sinfonía cruel de la inquisición?, ¿Por qué el sometimiento de la inocencia?, ¿Por qué el trueque amargo del alcohol por la identidad? ¿Por qué el maldito dominio sobre el heredero natural?

La lluvia no cesa, por el cuerpo del hombre maltrecho corre una cascada color carmesí, que lava los pies de la cruz, del mismo modo que el tronco de los castigos se lavaba con la sangre de la barbarie enajenada, torturados en su nombre.

No siento rabia por el, tal vez admiración por su valentía, pero no comparto en lo absoluto el permitir tantos años de injusticias, tantas vidas hechas trizas por el invasor, tantos niños empobrecidos, hambrientos, vagando como fantasmas por calles ajenas, ¿donde están sus madres?, ¿Dónde sus hermanas? , ¿Dónde esta la chacra y la choza humilde donde alguna vez reino la felicidad sin maldad? Han perdido su lengua, su origen, sus ideales. El arroyo ya no canta la dulce melodía del ayer, los árboles parecen petrificados pues ya no se contornean felices seducidos por el viento. Todo devastado y como garantía: la cruz.

Un último grito me saca del letargo en el que me encuentro y siento mi alma apartada de mi cuerpo. “padre: perdónalos porque no saben lo que hacen”. Me siento confundido, quizás las palabras de este hombre que parece justo no son para este momento, tal vez para cientos de años más, cuando el hombre blanco se presente con una espada y una Biblia bajo el brazo, tal vez cuando un niño aborigen esté obligado a leer acerca del dios impuesto, en otra lengua, en otro idioma, entonces y solo entonces… se comprenderá que no saben lo que hacen.

Exhala un último suspiro… el cristo del nuevo mundo, ha dejado de existir.

(Nemël)

martes, 27 de marzo de 2012

Suspiro sobre el hielo.


I.

Al sur de la historia

Aprendí a seguir

Los pasos que no estaban

Y escribir con mis huellas

Una elegía que

Nunca

Quiso

ser eterna.


II.

Recibo tus letras viciadas

Sólo con la certeza

De que al morir todos los suspiros del cielo

Vendrá el invierno

Y volveremos a borrarnos

Una

Y otra

Vez.


III.

La sábana blanca

Es la invitación

A escribir tu historia

Sobre las piernas abiertas

Del tiempo