martes, 29 de noviembre de 2011

Sin cruz (un texto para no perder el camino)

No recuerdo muy bien como empezaron las cosas, no recuerdo tampoco el tiempo ni el espacio físico en donde transcurre la historia. A mi juicio, y al de Borges, esto carece de importancia. Lo complicado de esta amnesia del narrador es que esto está en primera persona; soy yo mismo el protagonista de los hechos que a continuación narraré, lo cual sin lugar a dudas le restara credibilidad a mi historia. A fin de cuentas lo narrado no tiene por qué tener requisito de verdad, considerémoslo mejor un chisme de mí mismo, en donde el propio aludido es el verdugo blasfemo.

Por lo que recuerdo, después de tres días de divagar en otras dimensiones, resucité. La gente que me apoyaba se puso contenta, los que no me querían simplemente no me vieron y al otro porcentaje restante les fue indiferente el mágico acto .El resto de la historia está en otras fuentes que, si bien no son muy confiables, sirven a los interesados para tener más o menos una visión un poco más clara de lo que fue mi vida después de volver de entre los muertos.

Lo que queda en una nebulosa es lo que ocurrió conmigo después de ese lindo sermón en el monte en cual me retire como una estrella del rock’n roll entre aplausos, llantos y gritos desaforados.

Recuerdo (…) que camino al cielo alguien golpeó mi cabeza. Medio aturdido sentí que me metieron en un automóvil de vidrios polarizados. Adentro olía a marihuana y el estéreo del vehículo tocaba un tema de Exterminador (para los ignorantes: una banda de narco rancheras). Con los ojos vendados sentí que hacían moldes de mis manos perforadas y que me tomaban fotografías hasta tener hematomas en el cuerpo. Luego, después del cegador martirio, sentí desaparecer atrás mío kilómetros y kilómetros de viaje. El automóvil devoraba las vías de la carretera como un Pacman arrancando de fantasmas coléricos. El silencio era pesado como culpa de esposo infiel, el estéreo ya no sonaba, mis captores solo de vez en cuando tosían, yo me imaginaba que se miraban unos a otros con cara de “parece que se murió de nuevo”.

Al igual que los borrachos perdí un par de horas de mi vida. No tengo memoria para los hechos que antecedieron mi estadía en un hotel cinco estrellas, por la ventana del que parecía ser el piso 32 del edificio no vi más que playa y una enorme extensión de mar.

Llame por teléfono al botones, el cual se demoró menos de 60 segundos en golpear mi puerta.

- Maestro le puedo ayudar en algo – dijo con tono un tanto tímido.

- Adelante hijo mío – respondí con voz de autoridad celestial.

Luego de un par de minutos el joven, de unos 21 años, me comentó que llegué al hotel con dos rubias despampanantes, las dos con enormes senos y nalgas que perfectamente podían desintegrar una verga antes de tocar el anhelado asterisco santo de los cielos.

Vomité, vomité mucho, el líquido parecía ser vino con Coca – Cola, traté de comunicarme telepáticamente con mi padre, pero la línea estaba ocupada. De seguro era Mahoma, ahora ese hijo de puta va ser el regalón; ya me gustaría verlo con clavos de 4 pulgadas en las manos, chorreando tanta sangre de la frente que los párpados caen pesados como en un sueño sangriento, padeciendo más de 2 días en una cruz de madera viendo como al weón de al lado un pájaro negro le come los ojos. Pero no, eso no le va a pasar a Mahoma, él puede tener más de una esposa, inventar una religión, incluso mandar a matar enemigos, que injusticia Señor, ahora más encima me veo víctima de estas circunstancias absurdas, dando brincos de tiempo como Mc Fly.

¿ Qué carajo está pasando!?

¿Padre, por qué me abandonas?

La existencia sobrenatural y etérea de mi posición de ser divino juega ahora su mala pasada, siento que se viene la venganza del tiempo de los mortales. Lo que siempre ha sido una existencia cósmica, ajena a cualquier sensación, sistema métrico o percepción, se ha trucado ahora en una caricatura del “ser” común.

¿Qué hago yo, Jesús, cuestionándome bajo el alero de la filosofía? Jamás los magnos entes celestiales se han puesto en la vereda humana del no saber, de no tener la más puta idea de dónde va la micro. Me rezo a mí mismo, busco las respuestas adentro mío, y la verdad me parece tan idiota que la solución de un organismo en descomposición esté dentro de su propia podredumbre.

“Padre, la carne es débil”

Lo que alguna vez fue santa creación sucumbió por el aire malo de la tierra, las células que funcionaban como un microcosmos dentro del hombre envejecieron, lo consumieron como un parásito, mataron el alma y a la magia del hombre.

Maldito el disfraz de carne, que todo lo deja hediondo, como se sucumbe a las percepciones, todo es tan básico, básico, básico.

Los brincos en el tiempo siguieron, dudo mucho que a estas alturas del partido se detengan, he llegado incluso a replantearme y a lo mejor volverme hindú, hacer yoga o seguir las nuevas tendencias. Ya no solo sufro de vacíos en mi memoria, sino que también cambio de forma, así como el estado de ánimo del clima.

Llevo ya 60 años como una mujer de vida dura, católica a su forma y a su condición social, pobre en sus primeros tiempos, como alguna vez lo fui yo, dueña de la imaginación más rica que puede proporcionar una dieta en base de carne y agua, soy una prócer del dolor envuelta en la magia de la fantasía, eduqué a mis hijos con cuentos, soy una arquitecto de la mentirita simple y constructiva, vivo en barrio popular, fui víctima de las circunstancias políticas, me engaño con mis cuentos de toda la vida para dibujarme la vida más hermosa, soy feliz casi siempre e incluso tengo ahora más fe en el señor. A ratos olvido que yo soy Jesús el primogénito de Dios mi padre y cuando lleno algún formulario mental, en la sección en donde piden el nombre de mi padre y de mi madre respondo Ramón Andrade y Delia Gallardo.

El tiempo sigue pasando y ya estoy más vieja, cada vez recuerdo menos de mí y cada vez disfruto más mi condición de mujer grande, mis hijos son felices y duros, tienen la rudeza de la madre pobreza y la inteligencia del padre tiempo y el padrastro perdón, tengo nietos y sé que algún día (ojala no muy vieja) moriré.

He tenido más de cien formas y definitivamente ya no soy un ser celestial, a veces pienso en una reforma de la espiritualidad, pero la verdad ya no puedo trabajar muy bien esa idea, cada vez soy más hombre, más mujer, cada vez rezo menos, ya no hablo con mi padre ni conmigo mismo, he sido ateo, muchas veces he negado de mí, he tenido amnesias larguísimas de mi verdadera identidad.

Ahora, y para no alargar más los hechos (pues podrían ser infinitos) tomo real conciencia que mi ascensión a los cielos no fue más que una desintegración mágica, un nuevo pacto entre las divinidades, una existencia real. Atrás se quedó la idea weona de existir por sobre el otro, jamás dejé de ser yo, Jesús, la energía pura e inexplicable, amo y señor de los canutos, evangélicos, perros, gatos y comunistas. Me desintegré y me hice infinito y eterno, viví por siempre y cumplí las promesas de mi primera estadía.

¿Cómo pude ser tan weón? Tanta angustia en vano, fui hombre pero con la magia de mi adentro. Que diría Whitman, yo fui Whitman pero me embobó la palabra, mi comprensión no se manifiesta en la santa epifanía.

Soy yo mismo el autor de los hechos, es un pedazo de la historia de la humanidad, el autor son todos los hombres y mujeres y cosas e ideas, la verdad puede ser perfectamente mi mentira, mi fantasía, otra creación celestial. Seguiré pasando, pasando, pasando, pero ya más consiente de mi rol.

En el nombre del padre, del hijo y de todos

Todos

todo.



PablaK

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusto, fácil de leer y muy entretenido, aunque choca a ratitos con la realidad y te pone un poquito triste. Me gusto mucho. Felicitaciones por el blog