Manejando a la velocidad máxima que podía, Aurelio trataba de juntar las suficientes chauchas –como les decía él-para su noche especial. Estaba ya atardeciendo ese sábado, el cual, era el único día de la semana que podía ocupar el taxi colectivo que “arrendaba” sin tener que pagar la cuota diaria. Con su cd casi completamente rayado, con suerte podía escuchar la mitad de las canciones de su querido disco de rancheras, pero eso a él no le importaba. Estaba a punto de llenar la cuota que se había fijado para poder pagar la mujer que le tocaría esa noche. Le hacía carreras a los demás colectiveros, para ganar todos los pasajeros que pudiese. La mayor parte del mes se contentaba con cumplir las horas que él mismo se había impuesto. Pero ese día, era el día especial. Era el día del mes en que pensaba en él y no le importaba nadie más.
En su radio sonó “amanecí en tus brazos” que era una de sus canciones rancheras favoritas de su disco, que por suerte, no había sido carcomido por las rayas que el mismo había provocado producto de su propio descuido con aquella tecnología que para él seguía siendo nueva.
Sólo para que su tiempo avance velozmente al igual que su automóvil iba, Aurelio Castro volvió a pensar en ella. En su ritual mensual de salidas nocturnas, nunca quedaban secuelas, nunca quedaban restos de amor comprado que le revoloteasen en el pecho por los días siguientes. Ahora era distinto, completamente distinto. Hace dos meses vio a una mujer que no pudo tener. Ella no se desocupó nunca esa noche. El último mes el llegó mas tarde de lo habitual, y ella nuevamente estaba con otro “cliente”; él espero lo que estaba dispuesto a esperar y al final busco a otra “niña” para su desahogo.
Pero esa noche tenía que ser de él. Casi le daba vergüenza admitirlo para si mismo, pero no podía entender como esa mujer no se le iba de la cabeza. Lo único que resolvió fue ir lo más temprano posible esa noche. Los pasajeros se bajaban y se subían repetidamente en su colectivo mientras él pensaba en ella. Aceptaba el dinero por su trabajo transportador, pero era sólo su cuerpo funcionando automáticamente. Su mente seguía trabajando en ello cuando un pasajero que recién se había subido le dijo si podía ocupar su colectivo como un taxi.
Eso lo sacó de sus pensamientos y al girar su cabeza se fijo en ella. Ella era el pasajero. El tiempo se le detuvo. Aunque estaba todo detenido en ese instante sus pensamientos se aceleraron más que nunca. No iba a tener más pasajeros esa noche. El mismo iba a llevarla hasta el destino que tenían en común. Esa noche nadie se le iba a adelantar y sabría que al otro día su cabeza volvería a estar en paz.
- Claro que le hago de taxi, súbase- respondió el con una sonrisa que parecía de niño.
Ella se subió y juntos avanzaron algunas cuadras en medio de una noche en la que él veía que la suerte estaba de su lado. Nuevamente su mente salió del colectivo en movimiento y comenzó a buscar la mejor palabra para iniciar una conversación con ella. Recién estaba ordenando alguna frase, cuando fue interrumpido por la voz de ella. “Amanecí en tus brazos” volvió a sonar en su auto.
- No le he dicho donde voy
- Disculpe, estaba pensando en otra cosa – respondió él con un sintiendo un poco de vergüenza- Donde la llevo?
- Al aeropuerto. Me puede llevar hasta allí, cierto?
Su mente quedó en blanco. De pronto ella le estaba pagando la carrera que ya había llegado a su fin. Recién allí se dio cuenta del tiempo y la distancia que había transcurrido desde que ella se subió.
Gracias por la carrera, a mi me gusta mucho esa canción- fue lo último que escuchó de ella, y quedó con el dinero en sus manos boquiabierto. Odió por un instante su oficio y esa plata que acababa de ganar. “Amanecí en tus brazos” estaba finalizando. Se alejó en el automóvil de allí y se dirigió a su casa. Por esa noche rompería su rito mensual.
Autor: Israfel
1 comentario:
Vamos iniciando este espacio, subiendo este relato cuyo propósito era complementar un personaje creado por Pablo. El autor es Rodrigo.
Espero les agrade como lo ha hecho a mí.
Publicar un comentario