miércoles, 11 de abril de 2012
Historia de colchón.
Yacía. Yacía sobre una sonora cama de fierro, impregnado de perfume de oferta y sudor con olor a ébano. Me picaban los hilos de nylon cortados del cubrecama barato. Yacía mirando el techo manchado de humedad, siguiendo las grietas de las paredes, sintiendo el camino que recorría el humo del cigarro al pasar por mis entrañas. Y miré, en mala hora miré, por el espacio negro que dejaba la puerta entreabierta. Y vi, en mala hora vi, dos ojos redondos y brillantes, dos ojos de aceituna, llorosos e ingenuos, vi romperse dos cristales de inocencia…. Era madre. ¡La puta madre!
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