sábado, 31 de diciembre de 2011

Como anhilina en vaselina

Como un reen había tenido al deseo, engordando y relegado en la pieza mas invisible de la mente, amarrado de pies y manos y amordazado, escuchando día y noche la misma canción, hasta sentir como escurrían gotas de  sangre de sus oídos. Pero no podía decirse que estaba en estado de abandono. No, porque cada día recibía su alimento en imágenes, roses, y a veces se deleitaba cuando le arrojaban banquetes de lujuria. que le dejaba insomne al punto de creer enloquecer.

Un día tras una tomatera entre amigos volvió a su casa con los restos de vino en una botella, intentó ver algo en el pequeño espejo que colgaba tras la puerta de su humilde dormitorio pero no hubo más que una sola imagen, la que bastó para enloquecer y quebrar en cien pedazos la botella, rápidamente y antes que pudiese entrar en razón le entregó el goyete quebrado al deseo, quién en una minuciosa tarea rompió uno a uno las sogas que lo amarraban. el no hizo nada por retenerlo lo vio liberarse, levantarse, y con modestia aceptó ocupar su lugar y echarse a dormir sabiéndose inútil tras el deseo liberado, el que se sintió más pleno que nunca, lleno de sí mismo porque él siempre podía no ser menos que sí mismo.  Primero se apoderó del cuerpo, luego de las ideas y comenzó a andar sin  más planes que golpear aquella puerta que tantas veces había encarnado.  El camino estaba en su memoria, sintió en cada paso poseer con más y mas fuerza aquel cuerpo, emanaban ya por sus poros gotas de vapor humedeciendo el ambiente, pronto se apoderó de su aliento, agitaba poco a poco su marcha y podía verse una estela alcalina por todo el sendero recorrido hasta llegar a la reja verde oxidada que abrió como una bestia irracional.

Ella hacía unos segundos que había sentido su presencia, su aroma, su fuerza, se levantó de su cama y esperó tras la puerta por lo que no hubo necesidad de golpearla por un lado ni abrirla por el otro. Ella apoyó su espalda en la puerta y su último pensamiento fue una sublimación de imágenes serpenteantes de rojos furiosos de sueño cumplido de muerte del maldito deseo sin rostro ni apellido.  Ahí sin tocarse siquiera dejaron caer sus espaldas y sin acordar un encuentro ella dejó poseerse por el mismísimo deseo, vio sus pies derretirse, luego sus muslos,su húmeda vagina, su espalda erizada, su cuello y sus pensamientos. Pronto era tan sólo un charco vaselínico que se escurría bajo la puerta, pronto eran dos cuerpos líquidos como anhilina en vaselina, danzando sobre la tierra que los absorbía.

Bajo la tierra los esperaban tantos otros seres perdidos en el mismo tiempo, sin cuerpo, solo deseo. Los cuerpos por ahora y por un buen tiempo permanecería reenes de las ganas totales de hacerse líquido y liquidarse mutuamente.

jueves, 22 de diciembre de 2011

SEMILLA DE GALLO

Esténcil de bolaño

Solo me importa la literatura

El cielo

el infierno. Literatura

Nadie puede quitarme eso

Literatura y caos

Literatura y vejez

Literatura y vida

Literatura

Detenido entre un par de autos

El rojo siempre condiciona

la sangre, el color del mar en los sueños de Ulises lima

literatura

¿qué puedo esperar de todo esto? Nada

literatura y miseria

miseria vital miseria para sentir miseria

miseria de bienestar

miseria de guata llena

comodidad luces risas, miseria

todas las mañanas

en ayuna

literatura y guerra

madre hay una sola

lengua morada

que te arrastras por las calles

de la población

lamiendo el suelo

lamiendo los zapatos del cartero

lamiendo las garras de Perseguidor

lamiendo mi cochino glande hinchado de mi cochina sangre

lamiendo los recuerdos babosos recuerdos

pasado baboso

baboso futuro

una lengua morada

lamiendo la soga en mi cuello

el abismo verde de Vega y de Vera

una gran lengua morada lamiendo la comida pegada en la olla

una lengua perforada

bífida

cocida en vinagre

la jalea de cristo,

el jugo de la adolescencia

las turbinas

del lenguaje

la gran lengua morada

la gran madre

domingo, 18 de diciembre de 2011

Rataplán

Había entrado en silencio. Estaba todo oscuro. La luz se filtraba desde la calle por los espacios que se permitía la ventana y las cortinas. A momentos, el paso de algún auto iluminaba todo como un parpadeo de dios, o sea, nada de qué preocuparse. Los pasos eran a penas susurros en un bosque, algo insignificante. El silencio se perdía en el murmullo de la casa, la madera impertérrita, los vidrios pétreos, las alfombras arrugadas, toda esa respiración quiera de la noche.

Como dos labios que se despegan, ése es el gesto que se encuentra al abrir un refrigerador. La luz que salió del interior encegueció por un segundo al intruso, y antes que pudiera tomar alguna recompensa del interior de ese féretro helado, otro sonido estremeció la cocina oscurecida. Un metálico “clac” maullaba desde el fondo de uno de los rincones. El intruso volteó la mirada acertando con el origen, vio un diminuto punto rojo.

Era gracioso ver ese cuerpecillo aleteando sin sentido, las patas deambulando erráticas y la cola fría ya sobre el suelo. Al fondo, la pared contenía una mancha provocada por algo así como un diminuto globo con pintura, una bombita de agua, pero más pequeña. Se desplomó inerte el cuerpo descabezado de un balazo. Se encendió la luz y tras un mueve se incorporó un satisfecho raticida.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Lilith

Uno de los jóvenes encendía apresurado el fuego en una chimenea, claramente no habían entrado ahí desde hace un buen tiempo. La cabaña era pequeña, lo suficiente. Entraron de súbito, el joven reaccionó levantándose y girando desde la chimenea hacia la entrada, pero sin culpas, había logrado encender el fuego y el aire dentro era cálido, toda una victoria. Entraron dos jóvenes más, tres hombres de una edad ya más avanzada y al último, un hombre que perfectamente podría tener 40 años. A los jóvenes los delataba su prisa y sus cuerpos ágiles, a las reliquias histéricas, digo, históricas, los delataban sus abdómenes pronunciados, sus canas, su paso cansado y, ante todo, su mesura. El último, no era menos ágil, ni menos mesurado. Era, entre todos, el mejor.

- Padre, quédate aquí, os lo rogamos.
- …qué lluvia…
- El joven Rodrigo ha preparado esta humilde cabaña para tu resguardo…
- …y qué viento…
- …será solo momentáneo, por hoy, por esta noche, por esta lluvia…
- …pareciera que cada ráfaga es un manotazo inmenso sobre estas paredes…
- …ya con la luz del día seguiremos el camino a guarecernos en los palacios. – Había dicho uno de los más viejos, el más viejo tal vez, como no queriendo hacer caso a las interrupciones de su interlocutor.
- Sí, está bien. – Era lo primero que decía con la intención clara de responderle algo al hombrecito.
- Nosotros pasaremos la noche afuera, vigilando. – Aportó uno de los jóvenes
- Es más que necesario, prudentes palabras dices joven Ignacio. – El joven en cuestión delató cierto rubor, cierta alegría imperceptible más que en esas mejillas que perdían su enrojecimiento en medio de los parpadeos del fuego.

Salieron los tres jóvenes, obligados por decisiones que tomaran hace años, ahora la obediencia era la única vía posible. Los viejos decidían quedarse sentados alrededor de la mesa. Todos estaban nerviosos, pero el patriarca ya no podía contenerla más dentro de su piel. Se levantaba, se sentaba, “esa lluvia, esa lluvia que golpea como a una marejada las ventanas”, decía delatando sus miedos. Lo que al principio parecía un mero comentario contemplativo, era la sangre que salía de un pecho baleado a quemarropa. Los otros se miraban desconcertados. Todas las respuestas a las preguntas eternas, toda la sabiduría universal, toda la verdad y la belleza en un solo ser, en un solo elemento, la creación y el fin estaba ahí, de pie, yendo de un lado a otro, dejando que su cabello vibrara en su pase enardecidamente nervioso.

- Padre Juan, Julián ha desaparecido…
- Se lo llevó?
- No, se escapó

Julián era el más joven, el que había encendido la chimenea. No era el primero en desertar. Otros lo habían hecho ya durante el día. Entre los viejos, decidieron acompañar a los jóvenes en las labores de vigilancia. Solo quedaron el patriarca y el padre Juan, el más anciano.

- Juan, estás bien, ¿verdad?
- Sí, padre.
- Es bueno saberlo. ¿Cuántos años tienes ya?
- …
- Sí, entiendo… demasiados como para estas jugarretas.
- No son jugarretas, padre, pero mañana ya todo será distinto. Esa mujer no volverá a molestarnos. Esto ha sido un grave descuido y no se quedará así.
- Claro…
- Investigaremos y hallaremos a los responsables, no pudieron fallar tantas cosas juntas.
- Estás subestimándola. No creo que hayan responsables, solo ella.
- …padre…
- Tranquilo. Tienes razón en que mañana ya será otra cosa. Al llegar daremos la orden de buscarla y acabaremos con esto. Será sencillo.
- …padre…
- Sí, sencillo. Nos pilló de sorpresa, no puede pasarle algo así a una institución como la nuestra. Hay que fortalecer la institución, Juan, no solo nuestra dieta.

Rieron un poco olvidando la furia con que la lluvia azotaba las ventanas, las paredes, el techo, la puerta que parecía tiritar. Juan, en un acto piadoso y amable, tomó algunos víveres, café caliente y lo llevó a los vigías que de seguro temblaban más del alma que del cuerpo. El patriarca no reaccionó ante esto, sería como abrir y cerrar los ojos. Se sentó a la mesa y dejó caer su cabeza sobre las manos, intentaba sostenerse para no caer en un llanto patético. Ahí estaba la gloria del mundo: sentado, sudando, asustado.

Se abrió la puerta con una lentitud hogareña. Luego se cerró con la misma armonía. El fuego estaba un tanto debilitado, él mismo parecía tiritar por la lluvia, el viento y el frío, que fuera causaban estragos. La cabaña se mantenía estoica frente al mundo. Es aire de pronto se tornó pesado. El fuego parecía entrar en estado shock, no tiritaba, no se movía, no respiraba, estaba impertérrito. Se escuchó el metal seco del pestillo, pasos livianamente pausados, tranquilos. El patriarca seguía en sus lamentaciones, maldiciendo a los demás, sus seguidores, y en el fondo, a él mismo. Los pasos se dirigieron a él, cargaban la túnica que estilaba el agua de la lluvia resguardando al resto del cuerpo de esa brutalidad que se presepitaba desde el cielo.

- ¿Cómo te fue…

La palabra siguiente que el patriarca tenía en la mente y en la lengua era “Juan”, pero reaccionó al sonido de los pasos, a su volumen, a su tono, a su ritmo. Reaccionó a los cabellos oscuros que caían a su costado desde otra cabeza. Reaccionó a las manos blancas y los brazos igual de lechosos, desnudos y delgados que se posaban al lado de los suyos que dormían derrotados sobre la mesa. Reaccionaba tarde al perfume que atravesó la puerta.

- H o l a…  p a p i t o…

La voz era una tela delgada y suave, a la vez perfumada de flores. Era también una navaja, delgada y suave, a la vez perfumada de sangre. Los brazos tomaron al patriarca y de un movimiento rápido y bestial lo arrojaron sobre la meza boca abajo, con una sola mano sobre la espalda, impidió cualquier movimiento e intento de fuga. El patriarca intento moverse… imposible… La mano desocupada hizo añicos la túnica y las demás ropas del hombre que mordía un llanto inaudible, luego se empuñó tomando una buena cantidad de cabello desde la nuca del patriarca y jaló con fuerza. Sin mediar palabras, desembolsó un falo desde entre la túnica, se acercó al cuerpo del patriarca para luego retroceder, luego volver y en esa segunda arremetida se acercó hasta su cuello, lo mordió y con la boca sonriente, llena de sangre le susurró: “perdóname papito”.

proyecto misantropófago

Más de dos años bastan para que el espacio se convierta en vacio, y creer en eso bastará, los incomprendidos derrotados mugrosos del siglo, viruela me dio a los 13 y a mi hermano a los 6 pero ya esta bueno, sabes, de que me sigan llegando enfermedades sin enfermeras buenas pal pico, una gorda de papel mantequilla no tiene la culpa, nadie la tiene hasta que se enferma, el producto es diferente, sabes. Mira, el otro día me ofrecieron unas gotas de cloro, y bueno, dije, que tal si el cloro me hace bien. Tomé el gotero y deje caer unas pequeñas gotas sobre mi lengua, y estuvo. Al principio nada, un sabor amargo, la consistencia liviana, un pasaje angosto, con muchas entradas sin una sola salida. Y le dije, cómo anda la venta, y me dijo, bien, sólo lo hago para pagar mis estudios. Cuando acabe con eso, ya no más cloro. Ah, muy bien, eres una buena tipa le respondí con la voz entrecortada. Las palabras dejaban el espacio lleno de cortes, como de gillette o cuchillos cartoneros que la chica portaba en su interior y que sacaba a relucir cada vez que la situación lo ameritaba, dejando el aire denso y difícil de respirar. Aunque el verdadero, o mejor dicho, el principal motivo para dejarme con dificultades para hablar, fue que su voz dejaba salir unos leves, casi imperceptibles gemidos, insignificantes para cualquiera, excepto para mí, un maduro coleccionista de orgasmos de masturbaciones. Nuestro encuentro no debe haber durado más de 5 minutos. Le dije pocas cosas a la chica. Aunque tal vez fueron muchas, no estoy muy seguro.

“tómame el fierro y muérdelo” “¿quieres saber qué es una infección?” “tú que sabes poco de dolor, las gotas de mi fierro valen menos que el cloro, pero son un regalo, está todo bien.”
“¿Y si fuéramos milicos esperando morir en una selva o en una frontera?”
“Toma, mi fierro tiene mal olor, el mal aliento lo pasas luego con gotas de cloro y ya, ya está vieja.” “¿sabes qué es un domingo?”

Ella cuenta sus moneditas y vierte gotas de cloro en un papel. Me mira. Siento odio, nunca antes fue así, nunca sentí odio. Ella me mira. “Un domingo es este gotero seco” me dice y sonríe, por fin sonríe. La seriedad excesiva me incomoda, también que alguien no pare de reír o de hablar, tampoco me gusta el silencio. Al mar lo respeto, pero le temo, es demasiado bello, y eso me tiene cansado. Tanta belleza, tanta mujer tanto hombre tanto árbol tanto cielo. Se limpió la boca con la manga del polerón. Tenía un par de gotas que lentamente corrían por su mejilla. Una imagen bien armada. Hubo algún diseñador, en un tiempo, no creo que haya sido hace tanto. Él dibujó esa imagen, la chica, que contaba dinero mientras un par de gotas llegaban a su mentón y ahí se detenían justo antes del vacio. Eran tontas o inteligentes. Una sutil frontera. “definitivamente no sabes qué es un domingo” le dije en tono de broma. Ella puso las cinco lucas en su boca y comenzó a morder el billete hasta formar una especie de pasta que se tragó de una vez.

El carruaje


Me acomodo como cada noche en mi lugar, me dispongo a viajar,  cerrar los ojos sin pretensiones de lugar ni aventura alguna, quedarme ahí hasta que el sol aparezca. Los caballos duermen, me acurruco, descansar, simple y placenteramente descansar.

Pero cuando subes recuerdo que tu lugar va a mi lado,  que me  acompaña y me incomoda a la vez, que vienes siempre con mil intenciones que se encuentra con mi reducida presencia.  Comienzas lentamente a despertar  los caballos, los acaricias, les das unas palmadas cariñosas en el pecho, les tomas las riendas y comienzas el viaje, con cabalgar pausado que acompaño acomodandome en mi lugar para disfrutar del vaivén que se produce, el ritmo tranquilo sin apuros, sin rumbo fijo, sin pretensiones aparentes, me acurruco suavemente, y me miras con ternura, comprendes que ya no soy yo, que llevas en el carruaje una niña dormida, y cuidas su fragilidad con un galope rítmico que me acune y me proteja, sin sobresaltos pero sin pausas.

Pronto concilio el sueño agradecida por la mano tierna que me abraza presionando levente mis pechos, pero el viaje continua. Un destino te espera, comprendes que me he dormido que mi viaje ha terminado pero no puedes detenerte, y mantienes la tensión en las riendas, no puedes hacer un descanso en el camino porque te dormirías a mi lado y no has subido en busca de descanso, debes llegar a tu destino o por lo menos cumplir con una de las mil pretensiones autoimpuestas.

A ratos despierto y comprendo que el carruaje aun se mueve, comprendo porque es el mismo movimiento el que no me permite seguir durmiendo. De la vigilia paso de a poco a la tensión, y ya me es imposible continuar el viaje serena y placidamente, el camino se ha vuelto pedregoso, comprendo también que has desviado la ruta, que has tomado el atajo, seguramente estas tan cansado como yo.

El movimiento se vuelve incomodo, el carruaje comienza a sonar, a moverse de manera arrítmica, se hace imposible mantener mi segura posición fetal, debo acomodarme una y otra vez, cambio de formas tantas veces que mi cuerpo comienza a aparecer, pero me niego mil veces a despertar aunque ya no es posible dormir. Me niego porque despertar significa acompañarte en tu destino, porque mientras no despierte continuaras viajando solo y solo así terminaras rendido ante el cansancio. Pero tu en cambio te niegas a parar y buscas en tu mapa otra ruta, mas corta aún, debes llegar y el tiempo se te acorta, las posibilidades se estrechan y no consigues nada de mi  .

Cambias  de estrategia, conduces ebrio de egocentrismo, cegado por tu deseo. Esta vez aceleras la marcha, los caballos comienzan a excitarse, la tensión que les das a las riendas los apura, vuelvo a despertar una y otra vez, de pronto el camino se ha vuelto oscuro. Desesperado te has introducido en un bosque sin luz ni camino, los animales acechan con su mirada, lo salvaje te seduce y pronto se apodera de ti, y pronto también de mi.

 Despierto de una vez, lo haz logrado, desde la rabia, desde lo indomesticable, desde lo crudo y lo violento. Actuar sin razón, amar sin razón, cumplir con el llamado de la naturaleza, sin ver, sin sentir. Solo carne, solo estar sin ser.

El silencio es como un eructo...

El silencio es como un eructo en la cara cuando caminas rumbo a un destino que se desdibuja al fondo del camino, hasta el extremo opuesto de los ojos, hasta el borde que se difumina como la realidad evaporándose. Lleva el rostro idiotizado por el aire frío, abofeteado por el sol escrutante, adormecido por las horas. Las manos son madejas de fisuras, tenazas de piedra, ni hogar para caricias ni escondite de dulzuras. Caminaba levantando mucho las rodillas, evitando tropezar con el coirón arrojado azarosamente sobre el desierto. Se venía acercando con una lentitud somnífera, para cualquiera, somnífera, en cualquier otro contexto, somnífera. Pero el ovejero no cabía en sí de alegría por ver que el punto errático que viera al fondo del mundo se agrandaba como una mancha de sangre en una camisa, se expandía por el fondo del cielo y tomaba una silueta antropomorfa.

Vio sus rodillas subiendo notoriamente para no tropezar, vio con facilidad la cadencia que marcaba sus pasos, nada erráticos, certeramente definidos, las curvas no eran otra cosa que la evasión de algún accidente, un guanaco muerto, un hoyo insignificante, un charco odioso, alguna mata que se oponía a Dios y crecía más que los demás, esas matas, esos arbustos ateos que se resisten a los diseños celestiales, que son un dedo del medio orgullosamente erecto mirando al cielo. Vio sus ropas cansadas y marchitas. Vio su pelo cerrado como las filas de una retaguardia infranqueable, como la defensa de la Universidad de Chile en la Copa Sudamericana, solo dos goles, ni un partido perdido, ni uno, así de cerrado venía ese cabello.

Vio sus ojos y algo lo detuvo. El ovejero cupo en sí. Su alegría lo había sobrepasado, no cabía en sí y se había quedado quieto fácilmente veinte minutos viendo como se acercaba esa figura creciente. Vio sus ojos y entró en su cuerpo en un solo instante, en una sola milésima, en ese momento infinitamente insignificante en que abres y cierras los ojos, el momento en que una bala besa la piel y la quema de furia. Entró de golpe a su cuerpo despertando de una suerte de letargo, ver a alguien en medio del mundo era una alegría inexpresable, ¿será una alegría realmente?

La sombra antropomorfa se le acercaba y a cada paso los segundos parecían más breves y las distancias más ínfimas, del cielo al fuego había un parpadeo, de la tierra a los hielos no habían dos pasos, un paso, a un paso el ovejero quiso reaccionar y presionó un cuchillo viejo en lo que sería el abdomen de cualquiera. La sombra tenía dos ojos que eran pozos vacíos en los que cabían todas las almas, todas, cualquiera, todas las cualquiera, todas las almas que cupieran en ellas. Sus ojos eran dos fusiles que levantaban los cuerpos y dejaban hundirse las almas en esos pozos arrebatados. Abrió una boca espeluznante imitando una sonrisa socarrona y vomitó un contundente hilo de sangre que dejó caer sobre el pecho del ovejero, y éste, pasmado, dio un paso frágil hacia sus espaldas. La sombra desempolvó de su maño un puñal, y como un beso que busca despertar a todas las furias, se posó en el costado izquierdo de su cuello, entró con la pasividad con que entra una lengua en una boca ajena, con la brutalidad con que entra una lengua en una boca ajena. Y volvió a entrar. Y volvió a entrar, esta vez por el otro costado. Y volvió a entrar, esta vez por el frente. Y volvió a entrar, y volvió a entrar, y volvió a entrar, y volvió a entrar, y volvió a entrar…

sábado, 10 de diciembre de 2011

El meloso final de un vicio


Sintió la nostalgia de abandonar a un viejo amigo…….

Jamás había dejado uno sin consumirlo hasta donde aparecía la marca del cigarrillo

Lo miró tristemente por un largo rato y lo arrojo por la azotea del piso 9.

Lo observo caer dando vueltas y un doloroso suspiro paso por sus pulmones negros

“No hay resentimientos. Siempre supimos que este contrato era de machitos, pero, me imagine que iba a durar más”

El cigarrillo cae rebotón y moribundo en el cemento y, aunque suene poco creíble, miró hacia arriba y una lagrima de ceniza salió de su ojo de fuego los cuales se cerraron antes de morir.




PablaK

jueves, 8 de diciembre de 2011

martes, 6 de diciembre de 2011

Proyecto antropofago pasao a maldad V.4

Ella estaba ahí, esperándolo en la cama con las piernas abiertas y con solo su lencería puesta, de lejos se podía ver el brillo en sus ojos, una calentura intimidante, la habitación completa olía a su sexo, se respiraba la humedad alcalina. La vista de el se nublaba en un ataque de feromonas carnívoras y su verga amenazaba con romper sus pantalones.
En menos de dos segundos arrasó con lo poco que la cubría, inmediatamente después mojo sus dedos para jugar con su clítoris en una serenata de gritos; el solo se saco el pantalón y con su pene en la mano se dirigió directo a su boca. En el mismo instante recordó una película porno vista en su juventud. Se la metió completa en la boca mientras de sus ojos cerrados se escapaban diminutas lágrimas y el, sin tocar su cabeza se dejaba engullir completamente. Volvieron más recuerdos pasados, mientras ella lo seguía devorando. El calor y el sudor se incrementaban, y junto con ello, los recuerdos. Ella no aguanto más y se saco la verga de la boca a duras penas, solo para mostrarle su chucha completamente mojada y casi palpitante. No había más que hacer. La entrada ahí era la vuelta fugaz al paraíso de ambos.

La verga se transformo en una serpiente lacia que le prohibía la entrada al paraíso. No podía creerlo... no era la primera vez que sucedía. Nuevamente su madre se hizo presente en estas circunstancias. Fue llevado en un instante a una mesa donde estaba su madre engullendo rosas y él, atónito, solo se limitaba a observarla.

Lleno de vergüenza avanzo por la calle con un aspecto de derrota adquirido a través del tiempo. No pudo penetrarla. Ni a ella ni a nadie… nunca. Sigue su caminar mientras se va topando con peleas callejeras que no le consiguen sacar su malestar. Su madre que vive a miles de kilómetros de ahí, se hace presente cada vez que el quiere entrar en una mujer. Piensa y piensa que debería hacer y solo le viene una cosa a su mente. Solo un par de horas después esta seguro de haber tomado la decisión correcta.

Viernes drogadicto

Como a las cuatro de la tarde entra en escena la actriz Scarlett Cox, a quien en su Iquique natal aun llaman Rosita Reyes. Por razones de prejuicios evitaré llamarla por el nombre sajón y me remitiré a su denominación de origen. Son los pliegues de las cortinas azules los que flamean en el fondo de este decorado manchado de humedad. Un poco de luces, ventanales con vista al cerro San Cristóbal. Los dientes chuecos de Rosita Reyes reluciendo entre unos gemidos que vienen desde la habitación contigua, la respiración del camarógrafo. Ella está hincada y lo sujeta con ambas manos. Desata los cordones de las zapatillas del niño que roba deseos en los sueños de sus compañeras de clase. Todos se excitan cuando comienza la canción de las señoritas. Es la canción hecha de puros gemidos, con sus faldas y escotes armando los acordes. Es la suciedad quien esta noche se encarga de los goces. Se pierden los dedos en las cavidades. También se pierden las lenguas, lengüitas ácidas. Los pezones rompen las paredes con su rigidez, los ríos de saliva corren por debajo de la puerta. Es un flujo de monos tirándose a la gran hija del desorden. La personificación del viernes drogadicto. Un poco de mierda queda en la punta de los tacones.

lunes, 5 de diciembre de 2011

cuento con posibilidades


El final es el siguiente: El protagonista está tirado en plena vía pública , inconsciente, sus pantalones están a la altura de sus tobillos, él esta boca abajo y su culo muestra manchas de barro y sangre. Afuera debe haber una sensación térmica de unos 2 grados bajo cero, pero a pesar del frio el cuerpo no manifiesta congelamiento. Los transeúntes pasan como si nada. El protagonista es cruelmente ignorado.

Ahora, tratemos de armar los hechos.

Todo parece indicar que el personaje fue víctima de una violación, pero si esto fuese así le restaría cierto merito a la creación del autor; yo consideraría que el texto carecería de sorpresa, por este motivo prefiero pensar que los hechos se deben a causas más impredecibles.

Voy a barajar las siguientes hipótesis:

a) Producto de un pacto con el diablo hecho por un diseñador de ropa, los pantalones del personaje cobraron vida propia para iniciar una rebelión encabezada por los pantalones, la cual tiene como fin someter a todo el planeta bajo un régimen totalitario.

El forcejeo entre el protagonista y el pantalón provocaron la caída del primero el cual golpeo su cabeza con una roca lo que produjo su estado de inconciencia. Sin embargo esto dejaría un cabo suelto: las manchas de barro en su culo.

b) El protagonista días atrás orino en el baño de un bus, este se encontraba con la ventana abierta lo que provoco una corriente de aire que dejo como fruto una cistitis en el personaje. El protagonista el día del incidente se dirigía a su casa cuando sintió la imperativa necesidad de orinar. La cistitis hizo que no pueda contener la orina, lo que lo motivo a bajar sus pantalones y mear a vista y paciencia de los observadores. El pasar de dos mujeres muy guapas gatillo la extrema vergüenza del personaje, quien tratando de huir se cae de boca al piso golpeándose la cabeza hasta la inconciencia. Pero todavía no se explica las manchas de barro en su culo.

c) Esta según mi criterio es la hipótesis que parece ser más sensata, puesto que la idea de una violación no puede escapar de la lógica del lector. Siendo objetivos, la alternativa “a” y “b” son poco serias y carecen de credibilidad.

Considerando esto, lo más sensato sería que el protagonista caminaba rumbo a un lugar desconocido y sumido en sus pensamientos. Cuando de pronto una enorme criatura de barro (parecida a “la cosa del pantano”) sintió deseos de satisfacer sus ansias sexuales con el pobre muchacho, el cual fue violado y golpeado salvajemente `por este monstruo lodoso.

………..Eso lo explica todo.

Comienzo de intento de poética

“La virtud de la austeridad estilística” balbucearía alcoholizado el joven poeta uruguayo que esta tarde no está trabajando en poesía sino que escribe un relato breve cuyo ritmo narrativo se asemeja al pulso del hardcore gringo de principio de los ochentas. O tal vez haya que ser más específico y decir que es una perfecta mezcla entre bad brains y los cadillacs de principios de los noventas. Ese ritmo que probablemente surge como producto de la urgencia o cierta desesperación o el hambre o las ganas de mear. La ansiedad hace que los latidos de su corazón no lo dejen quieto aun habiendo concluido su relato. Es acerca de una figura de porcelana que tal vez estuvo en la cocina en casa de su abuela materna. Sin embargo se complica con el final. No quiere redondear tanto la idea. Algo en su interior le dice que lo mejor sería desistir de la búsqueda de precisión (que se cague Borges, resuena en su cabeza) y pararse en los hombros del libre flujo de ideas. Por otra parte, siente pavor cuando se ve a sí mismo convertido en un constante proyecto que nunca se concreta. No entiende por qué asocia el final de su relato con el miedo al fracaso. Entonces, decide ir a mear. luego. a.comer.algo

domingo, 4 de diciembre de 2011

DÓNDE ESTÁN LAS PIEDRAS?


De seguro en el ventrículo izquierdo
El cual se solidifica

En la contracción pétrea
Del miedo

El pulso sube
El pulso baja
El pulso tritura
Muele y destripa

Va circulando aplastando albures
La piedra

Dónde va?
Dónde se encuentra?

En el cerebro
Fundida en el cráneo rosáceo
Entre los delirios poco pulidos
Y la idea de muerte

También en las manos
Que caen pesadas
En los pies duros del pasado
Y sobre los párpados que cortan cabezas

Mi gran piedra
Al menos la mía
Reside entre oreja y oreja
Pero se mueve furiosa

Recorre los oscuros del cuerpo
Las arterias y los pasadizos venosos
Quiere ser cristal pero es tan negra
Negra como el elixir del coágulo

Las piedras la piedra
El sílice único y solo
Agujero terrible
Que siempre es el mismo

Que rueda y destruye

Pero antes de todo la sangre
Dónde está la sangre

Denle el infierno
A quien me hirió de esta forma…

viernes, 2 de diciembre de 2011

Al final de la calzada

Y el bus no paró en la estación
mantuvo la misma relación
avanzando calles por igual
sin importar quien bajaba en el lugar.
En un principio a nadie le importó
puesto que el tiempo se detenía,
o quizás porque ningún santo había
en una dinámica que jamás cuestionó.

Salvo que uno que otro inocente
que extrañados vieron la danza
y de cómo el vehículo avanza
hasta donde acaba el puente.
Se alistaron a parar,
a un paso de la terminal, mas
no contaban con el volante
que otra vez siguió adelante.

Ente bandejón y bandejón
las conciencias revivían
al prestar nueva atención
que sus calles perdían.
De pronto el clima se hizo hostil,
sus vidas interrumpidas,
aplazadas y desatendidas
secuestrados por un ser vil.

En acto mecánico protestaron
que la comida en la cocina
o el niño en la guardería,
al conductor alzaron.
Palabras sordas anidaron
en una mente cansada
que de golpe estrellaron
al final de la calzada.