Y el bus no paró en la estación
mantuvo la misma relación
avanzando calles por igual
sin importar quien bajaba en el lugar.
En un principio a nadie le importó
puesto que el tiempo se detenía,
o quizás porque ningún santo había
en una dinámica que jamás cuestionó.
Salvo que uno que otro inocente
que extrañados vieron la danza
y de cómo el vehículo avanza
hasta donde acaba el puente.
Se alistaron a parar,
a un paso de la terminal, mas
no contaban con el volante
que otra vez siguió adelante.
Ente bandejón y bandejón
las conciencias revivían
al prestar nueva atención
que sus calles perdían.
De pronto el clima se hizo hostil,
sus vidas interrumpidas,
aplazadas y desatendidas
secuestrados por un ser vil.
En acto mecánico protestaron
que la comida en la cocina
o el niño en la guardería,
al conductor alzaron.
Palabras sordas anidaron
en una mente cansada
que de golpe estrellaron
al final de la calzada.
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