sábado, 17 de diciembre de 2011

El carruaje


Me acomodo como cada noche en mi lugar, me dispongo a viajar,  cerrar los ojos sin pretensiones de lugar ni aventura alguna, quedarme ahí hasta que el sol aparezca. Los caballos duermen, me acurruco, descansar, simple y placenteramente descansar.

Pero cuando subes recuerdo que tu lugar va a mi lado,  que me  acompaña y me incomoda a la vez, que vienes siempre con mil intenciones que se encuentra con mi reducida presencia.  Comienzas lentamente a despertar  los caballos, los acaricias, les das unas palmadas cariñosas en el pecho, les tomas las riendas y comienzas el viaje, con cabalgar pausado que acompaño acomodandome en mi lugar para disfrutar del vaivén que se produce, el ritmo tranquilo sin apuros, sin rumbo fijo, sin pretensiones aparentes, me acurruco suavemente, y me miras con ternura, comprendes que ya no soy yo, que llevas en el carruaje una niña dormida, y cuidas su fragilidad con un galope rítmico que me acune y me proteja, sin sobresaltos pero sin pausas.

Pronto concilio el sueño agradecida por la mano tierna que me abraza presionando levente mis pechos, pero el viaje continua. Un destino te espera, comprendes que me he dormido que mi viaje ha terminado pero no puedes detenerte, y mantienes la tensión en las riendas, no puedes hacer un descanso en el camino porque te dormirías a mi lado y no has subido en busca de descanso, debes llegar a tu destino o por lo menos cumplir con una de las mil pretensiones autoimpuestas.

A ratos despierto y comprendo que el carruaje aun se mueve, comprendo porque es el mismo movimiento el que no me permite seguir durmiendo. De la vigilia paso de a poco a la tensión, y ya me es imposible continuar el viaje serena y placidamente, el camino se ha vuelto pedregoso, comprendo también que has desviado la ruta, que has tomado el atajo, seguramente estas tan cansado como yo.

El movimiento se vuelve incomodo, el carruaje comienza a sonar, a moverse de manera arrítmica, se hace imposible mantener mi segura posición fetal, debo acomodarme una y otra vez, cambio de formas tantas veces que mi cuerpo comienza a aparecer, pero me niego mil veces a despertar aunque ya no es posible dormir. Me niego porque despertar significa acompañarte en tu destino, porque mientras no despierte continuaras viajando solo y solo así terminaras rendido ante el cansancio. Pero tu en cambio te niegas a parar y buscas en tu mapa otra ruta, mas corta aún, debes llegar y el tiempo se te acorta, las posibilidades se estrechan y no consigues nada de mi  .

Cambias  de estrategia, conduces ebrio de egocentrismo, cegado por tu deseo. Esta vez aceleras la marcha, los caballos comienzan a excitarse, la tensión que les das a las riendas los apura, vuelvo a despertar una y otra vez, de pronto el camino se ha vuelto oscuro. Desesperado te has introducido en un bosque sin luz ni camino, los animales acechan con su mirada, lo salvaje te seduce y pronto se apodera de ti, y pronto también de mi.

 Despierto de una vez, lo haz logrado, desde la rabia, desde lo indomesticable, desde lo crudo y lo violento. Actuar sin razón, amar sin razón, cumplir con el llamado de la naturaleza, sin ver, sin sentir. Solo carne, solo estar sin ser.

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