lunes, 5 de diciembre de 2011

Comienzo de intento de poética

“La virtud de la austeridad estilística” balbucearía alcoholizado el joven poeta uruguayo que esta tarde no está trabajando en poesía sino que escribe un relato breve cuyo ritmo narrativo se asemeja al pulso del hardcore gringo de principio de los ochentas. O tal vez haya que ser más específico y decir que es una perfecta mezcla entre bad brains y los cadillacs de principios de los noventas. Ese ritmo que probablemente surge como producto de la urgencia o cierta desesperación o el hambre o las ganas de mear. La ansiedad hace que los latidos de su corazón no lo dejen quieto aun habiendo concluido su relato. Es acerca de una figura de porcelana que tal vez estuvo en la cocina en casa de su abuela materna. Sin embargo se complica con el final. No quiere redondear tanto la idea. Algo en su interior le dice que lo mejor sería desistir de la búsqueda de precisión (que se cague Borges, resuena en su cabeza) y pararse en los hombros del libre flujo de ideas. Por otra parte, siente pavor cuando se ve a sí mismo convertido en un constante proyecto que nunca se concreta. No entiende por qué asocia el final de su relato con el miedo al fracaso. Entonces, decide ir a mear. luego. a.comer.algo

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