Como a las cuatro de la tarde entra en escena la actriz Scarlett Cox, a quien en su Iquique natal aun llaman Rosita Reyes. Por razones de prejuicios evitaré llamarla por el nombre sajón y me remitiré a su denominación de origen. Son los pliegues de las cortinas azules los que flamean en el fondo de este decorado manchado de humedad. Un poco de luces, ventanales con vista al cerro San Cristóbal. Los dientes chuecos de Rosita Reyes reluciendo entre unos gemidos que vienen desde la habitación contigua, la respiración del camarógrafo. Ella está hincada y lo sujeta con ambas manos. Desata los cordones de las zapatillas del niño que roba deseos en los sueños de sus compañeras de clase. Todos se excitan cuando comienza la canción de las señoritas. Es la canción hecha de puros gemidos, con sus faldas y escotes armando los acordes. Es la suciedad quien esta noche se encarga de los goces. Se pierden los dedos en las cavidades. También se pierden las lenguas, lengüitas ácidas. Los pezones rompen las paredes con su rigidez, los ríos de saliva corren por debajo de la puerta. Es un flujo de monos tirándose a la gran hija del desorden. La personificación del viernes drogadicto. Un poco de mierda queda en la punta de los tacones.
1 comentario:
"hija del desorden y nieta de la desobediemcia...."
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